Blog · 12 de marzo de 2024

Construcción en seco: ventajas, costos y cuándo conviene

La construcción en seco dejó de ser una alternativa marginal para convertirse en una de las técnicas que más crece en Argentina. Su lógica es simple: en lugar de levantar muros húmedos con ladrillo y mezcla, se ensamblan sistemas livianos —perfiles de acero galvanizado (steel framing) y placas de roca de yeso o cemento— que llegan listos a la obra. El resultado es una vivienda más rápida de ejecutar, prolija y energéticamente eficiente.

¿Qué es la construcción en seco?

Se denomina construcción en seco a todo sistema constructivo que prescinde del agua como aglutinante principal. Los dos más difundidos son el steel framing (estructura de perfiles de acero galvanizado) y el drywall o durlock para tabiques y cielorrasos interiores. Las placas se atornillan a la estructura y, entre ambas caras, se aloja la aislación térmica y acústica.

Ventajas frente a la construcción tradicional

  • Rapidez: los tiempos de obra se reducen entre un 30% y un 50%, porque no hay que esperar el fraguado ni el secado de los materiales.
  • Aislación superior: el "sándwich" de placas y lana mineral logra un excelente comportamiento térmico y acústico, con menor consumo de calefacción y aire acondicionado.
  • Menor peso: al ser estructuras livianas, las fundaciones son más sencillas y económicas.
  • Obra limpia y precisa: se genera mucho menos escombro y desperdicio, y las terminaciones quedan a plomo.
  • Flexibilidad: permite ampliar, mover tabiques o pasar instalaciones por dentro de los muros con facilidad.

¿Cuánto cuesta y cuándo conviene?

El costo por metro cuadrado de la construcción en seco suele ser competitivo frente al sistema tradicional, sobre todo cuando se valora el ahorro en tiempos de obra y en consumo energético a lo largo de los años. Conviene especialmente en ampliaciones, plantas altas, viviendas unifamiliares, oficinas y locales donde la velocidad de ejecución y el confort térmico son prioritarios.

¿Es resistente y durable?

Sí. Un sistema bien ejecutado por profesionales cumple con las mismas exigencias estructurales, de seguridad e ignífugas que la construcción húmeda. La clave está en el diseño y en la calidad de la mano de obra: por eso es fundamental trabajar con una empresa con experiencia que garantice cada detalle.

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